Así lo proclaman los montañeros
con “espuelas”, yo, amigo de disfrutar la montaña, no de conquistarla, me
resulta difícil valorar su necesidad, y
solo puedo opinar como me he sentido durante mi estancia. Alojarnos en sus modernas
instalaciones, sin dejar de ser un refugio de alta montaña, guardado, a 2479m
de altitud,… es un lujo, y poder realizar desde allí las dos magníficas rutas
que hemos llevado a término en el corazón del Pirineo Central, entre otras
muchas,… una suerte.
El impacto visual y paisajístico
del refugio es indudable, mas su ubicación entre el Ibón de Botornas y el que le da nombre, Ibón Cap de Llauset, le
hace perder protagonismo. Sus dependencias energéticamente autosuficientes y su
depuración de aguas y residuos respetuosos con el medioambiente, en principio, pues lleva tres
meses abierto, son muy estimulantes… Y llegar hasta él exige esfuerzo. Me
gusta.
Aunque está en la 1ª fase de
construcción y todavía acomodándose a
las necesidades para dar las prestaciones adecuadas, sus camaretas para seis
montañeros, muy bien aisladas, iluminadas y con servicios, son un regalos a esta altitud, y su salón-comedor
y terrazas, bien orientadas y soleadas, invitan a la charla, a la lectura y
sobre todo a mirar,… no se puede dejar de mirar…
“Relatan
que de mediados de julio a finales de agosto, un tropel de montañeros han recorrido estos senderos, llegado a los
collados y acometido atrevidas trepadas…”
Del refugio del Cap de
Llauset a la Tuca de Ballibierna:
A pesar de la brutal sequía que
asola todavía parte de la península, este día no dejamos de sentir el agua, un arroyo, a ratos
visto y otros escondido, nos acompañó desde el refugio hasta llegar al Ibón
Gellat (2780m.), el primero que lo alimentaba, antes los Ibones de Coma Arnau
(2600m.) lo animaban, todo ello por un buen sendero empinado.
Tras el último lago, el recorrido
discurría por una canchalera exigente, bien remarcada por hitos, que daba
acceso a una nueva senda bastante más cómoda pero pendiente, superaba
zigzagueante casi doscientos metros de desnivel, que nos llevó a la Cresta
de Ballibierna (3038m.). Impresionaban,
aquellos doscientos metros que faltaban hasta el gran hito que indica la cumbre, te comen la cabeza,… pero
resultaba noble de franquear si caminabas sin prisa y… con cabeza.
Ya en la cumbre de la Tuca de
Ballibierna (3057m.) quedamos hipnotizados ante la visión majestuosa del Macizo
de la Maladeta, reino de piedra y hielo con el Aneto (3404 m.) como regente,
hacia el norte y la lunar y meteorizada Sierra Negra al suroeste… Increíble. El
descenso con las retinas impresionadas por tan bellas panorámicas,… y un día
que ni pedido, estuvo lleno de paradas para disfrutar del agua…
“… Hoy únicamente nos hemos cruzado con un joven montañero, con lucida
“cresta” pero sin “espuelas” todavía,… pero ni rastro del Armiño “zascandil”,
ni de los “pichones”, Perdices nivales,… a destacar un pequeño grupo de
Gorriones nivales…”
Apabullantes
anfiteatros tallados bajo las cumbres:
Encadenar este rosario de
collados entorno al nuevo refugio nos permitió contemplar espectaculares anfiteatros
naturales, sus plateas estaban adornadas con vistosos ibones y a los palcos,
ubicados en altivos paredones, se accedía por los collados. Ascendimos la
canchalera sin llamar la atención, al amparo de nieblas vacilantes, nos
presentamos en el Collado Ballibierna (2732m.): los Ibones de Ballibierna
lucían como zafiros oscuros, aquella fabulosa escenificación era garante de las más apasionadas
representaciones y de tenores los “Colosos de la Cordillera Pirenaica”…
Una senda volada se intuía
mimetizada en la ladera, marcada con
hitos, algo rebuscados al comienzo, nos permitió llegar sin perder altura
al Collado de Isards (2807m.), durante
el tránsito te sientes espectador privilegiado del anterior anfiteatro, desde
este collado, también llamado Collado de los Bucardos, flanqueados por los
Picos de Russel y el Cap de Llauset contemplamos un segundo anfiteatro con el
Stany de Cap de la Vall engarzado en el fondo y las nieblas amenazantes… ¿ Se
puede imaginar escenario más grandioso…?

Un abrupto, aunque disfrutado,
descenso por nuevas pedreras nos permitió conectar con la recién trazada
variante del GR Pirenaico, la GR 11.5, en la cola del ibón. Por esta ruta bien
señalizada nos adentramos en una desquiciante canchalera al amparo de la Tuca
del Stany Negre con el lago que le dio nombre en la platea de este tercer
anfiteatro: también aquí, la quietud y la soledad interpretaban, como solistas,
otra bellísima cantata de silencios, una variación de las escuchadas en cada uno
de los escenarios a los que habíamos accedido, y también en todos ellos, como
interprete secundario… las nieblas.

Accedimos al tercero de los
collados (2752m.), este no tiene nombre, y otra vez por un caos de bloques, en
continuo rompe piernas, llegamos al Collado dels Estanyets (2524m.), desde allí
dábamos vistas a los Stanys Cap d`Anglios por el este y al Ibón Cap de Llauset
e Ibón de Botornas, con el refugio del que habíamos partido de mañana entre
ambos, hacia el oeste. Solo quedaba descender y disfrutar de una cerveza bien
fría en la terraza o en el salón-mirador del Refugio Cap de Llauset a 2479
metros de altitud.
“… Nos hemos superado, no hemos visto a nadie en toda la jornada,…
hemos dado con el rastro del “zascandil” pero seguimos sin verlo,… y de los
“pichones” ni una pluma… Otra vez será…”
Buen reportaje Carlos y buenas fotos. Parece que el refugio está muy bien la verdad.
ResponderEliminarRodri
Rodrigo, es una instalación de montaña que una vez completa, y fuera de los días "¡¡¡bóoonn...!!!", nos va a permitir disfrutar mucho de este preciosísimo rincón del Pirineo Central... Disfrutalo.
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