domingo, 23 de octubre de 2016

¡¡¡ Hacía falta el Refugio Cap de Llauset...!



Así lo proclaman los montañeros con “espuelas”, yo, amigo de disfrutar la montaña, no de conquistarla, me resulta difícil  valorar su necesidad, y solo puedo opinar como me he sentido durante  mi estancia. Alojarnos en sus modernas instalaciones, sin dejar de ser un refugio de alta montaña, guardado, a 2479m de altitud,… es un lujo, y poder realizar desde allí las dos magníficas rutas que hemos llevado a término en el corazón del Pirineo Central, entre otras muchas,… una suerte.

 

 


El impacto visual y paisajístico del refugio es indudable, mas su ubicación entre el Ibón de Botornas  y el que le da nombre, Ibón Cap de Llauset, le hace perder protagonismo. Sus dependencias energéticamente autosuficientes y su depuración de aguas y residuos respetuosos con el  medioambiente, en principio, pues lleva tres meses abierto, son muy estimulantes… Y llegar hasta él exige esfuerzo. Me gusta.

 

 


Aunque está en la 1ª fase de construcción y  todavía acomodándose a las necesidades para dar las prestaciones adecuadas, sus camaretas para seis montañeros, muy bien aisladas, iluminadas y con servicios,  son un regalos a esta altitud, y su salón-comedor y terrazas, bien orientadas y soleadas, invitan a la charla, a la lectura y sobre todo a mirar,… no se puede dejar de mirar…




“Relatan que de mediados de julio a finales de agosto, un tropel de montañeros han recorrido estos senderos, llegado a los collados y acometido atrevidas trepadas…”




Del refugio del Cap de Llauset a la Tuca de Ballibierna:



 

 

A pesar de la brutal sequía que asola todavía parte de la península, este día no dejamos de sentir el agua, un arroyo, a ratos visto y otros escondido, nos acompañó desde el refugio hasta llegar al Ibón Gellat (2780m.), el primero que lo alimentaba, antes los Ibones de Coma Arnau (2600m.) lo animaban, todo ello por un buen sendero empinado.  

 

 



Tras el último lago, el recorrido discurría por una canchalera exigente, bien remarcada por hitos, que daba acceso a una nueva senda bastante más cómoda pero pendiente, superaba zigzagueante casi doscientos metros de desnivel, que nos llevó a la Cresta de  Ballibierna (3038m.). Impresionaban, aquellos doscientos metros que faltaban hasta el gran hito  que indica la cumbre, te comen la cabeza,… pero resultaba noble de franquear si caminabas sin prisa y… con cabeza.

 



Ya en la cumbre de la Tuca de Ballibierna (3057m.) quedamos hipnotizados ante la visión majestuosa del Macizo de la Maladeta, reino de piedra y hielo con el Aneto (3404 m.) como regente, hacia el norte y la lunar y meteorizada Sierra Negra al suroeste… Increíble. El descenso con las retinas impresionadas por tan bellas panorámicas,… y un día que ni pedido, estuvo lleno de paradas para disfrutar del agua…



 

“… Hoy únicamente nos hemos cruzado con un joven montañero, con lucida “cresta” pero sin “espuelas” todavía,… pero ni rastro del Armiño “zascandil”, ni de los “pichones”, Perdices nivales,… a destacar un pequeño grupo de Gorriones nivales…”







Apabullantes anfiteatros tallados bajo las cumbres:

 



Encadenar este rosario de collados entorno al nuevo refugio nos permitió contemplar espectaculares anfiteatros naturales, sus plateas estaban adornadas con vistosos ibones y a los palcos, ubicados en altivos paredones, se accedía por los collados. Ascendimos la canchalera sin llamar la atención, al amparo de nieblas vacilantes, nos presentamos en el Collado Ballibierna (2732m.): los Ibones de Ballibierna lucían como zafiros oscuros, aquella fabulosa escenificación  era garante de las más apasionadas representaciones y de tenores los “Colosos de la Cordillera Pirenaica”…

 



Una senda volada se intuía mimetizada en la ladera,  marcada con hitos, algo rebuscados al comienzo, nos permitió llegar sin perder altura al  Collado de Isards (2807m.), durante el tránsito te sientes espectador privilegiado del anterior anfiteatro, desde este collado, también llamado Collado de los Bucardos, flanqueados por los Picos de Russel y el Cap de Llauset contemplamos un segundo anfiteatro con el Stany de Cap de la Vall engarzado en el fondo y las nieblas amenazantes… ¿ Se puede imaginar escenario más grandioso…?

 

 

 Un abrupto, aunque disfrutado, descenso por nuevas pedreras nos permitió conectar con la recién trazada variante del GR Pirenaico, la GR 11.5, en la cola del ibón. Por esta ruta bien señalizada nos adentramos en una desquiciante canchalera al amparo de la Tuca del Stany Negre con el lago que le dio nombre en la platea de este tercer anfiteatro: también aquí, la quietud y la soledad interpretaban, como solistas, otra bellísima cantata de silencios, una variación de las escuchadas en cada uno de los escenarios a los que habíamos accedido, y también en todos ellos, como interprete secundario… las nieblas.

 

 



Accedimos al tercero de los collados (2752m.), este no tiene nombre, y otra vez por un caos de bloques, en continuo rompe piernas, llegamos al Collado dels Estanyets (2524m.), desde allí dábamos vistas a los Stanys Cap d`Anglios por el este y al Ibón Cap de Llauset e Ibón de Botornas, con el refugio del que habíamos partido de mañana entre ambos, hacia el oeste. Solo quedaba descender y disfrutar de una cerveza bien fría en la terraza o en el salón-mirador del Refugio Cap de Llauset a 2479 metros de altitud.

 





“… Nos hemos superado, no hemos visto a nadie en toda la jornada,… hemos dado con el rastro del “zascandil” pero seguimos sin verlo,… y de los “pichones” ni una pluma… Otra vez será…”




 


2 comentarios:

  1. Buen reportaje Carlos y buenas fotos. Parece que el refugio está muy bien la verdad.
    Rodri

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  2. Rodrigo, es una instalación de montaña que una vez completa, y fuera de los días "¡¡¡bóoonn...!!!", nos va a permitir disfrutar mucho de este preciosísimo rincón del Pirineo Central... Disfrutalo.

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