viernes, 17 de marzo de 2017

Almendros en flor, amores invernales






Cuando veas los “retratos” de las almendreras florecidas en diferentes rincones de la Rioja baja, algunos de estos paisajes, desnudos ya de las galas de novia, habrán mudado al verde pastel de las hojas tiernas, primaverales, que guardan con mimo las incipientes almendras, delicado fruto gestado en amores todavía invernales, sensible, sufre los caprichos temperamentales de la adolescente primavera. Así, en plena innovación de vestuario, encontrarás las almendreras en las cuotas  menos elevadas de los municipios de Tudelilla, el Villar de Arnedo, Bergasa, Arnedo, Quel o Autol. Han perdido estos paisajes el glamur desbordado que inundaba los caminos y dado paso a una serena campiña esperanzada: donde maduran inseguras las almendras en compañía de cepas que empiezan a despertar de su letargo invernal y de impertérritos olivos en descanso aún de su reciente ofrenda frutal…





 
















 Mas, no desanimes, estas a tiempo todavía de embelesar tus sentidos con panorámicas cautivadoras desde miradores inolvidables, perfumes que embriagan la pituitaria cuando recorras las veredas y las caricias tiernas del aire con pétalos en suspensión… Para ello llégate a Bergasa,  pregunta por el camino que sube a las Bergasillas y pasea con calma por este paisaje de las delicias, al amparo de almendros floridos, olivos y cepas; parte de Prejano y recorre ahora los caminos trazados en las laderas de Peñalmonte, contempla desde ellos las almendreras en flor entre olivares milenarios, y los fantásticos cortados rojizos del Cidacos como telón de fondo; o acércate a Grávalos y desde el “Mirador de los Almendros” elige el camino por el que te adentrarás, bajo la atalaya de “Peña Redonda”, por el más bello paisaje humanizado que puedas imaginar…
































































La apoteosis de la floración de los almendros en el Valle del Cidacos y algunos parajes próximos se muestra espectacular cuando no se malogra, el celo temprano de estos árboles está tan condicionado a los caprichos de la meteorología que cuando acontece, la belleza de esos paisajes resulta exultante a la par que entrañable y acogedora. Apetece perderse en estos bosques amaestrados de efímera blancura. Solo por ello  debieran ser merecedores de reconocimiento  y  protección… Pero, me temo, que nada más lejos, se vuelve otra vez a las andadas, y ahora se arrancan los almendros para poner viñas,… antes fue al revés y por ello no existen en estos paisajes las valoradas “viñas viejas”… Con los terrenos baldíos que hay, una buena gestión del territorio, a largo plazo, aconsejaría plantar en ellos las cepas y las viejas almendreras injertarlas con variedades de más resistentes a los vaivenes de la climatología…



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